Los límites del ´outsourcing´

 

El outsourcing no es, en definitiva, la panacea, sino una forma de gestión a disposición de las empresas que, adecuadamente utilizada, puede aportar resultados positivos (Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga)

Publicado por FAMASE el 08/02/2012 (ESP)


Los límites del ´outsourcing´



JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ Con diferencias en el número de proyectos, en especialización sectorial y en tamaño, el modelo productivo de la era industrial presentaba similitudes en la mayoría de los países desarrollados. Las compañías punteras tendían a crear grandes centros de producción, en algunos casos auténticas ciudades, donde concentraban toda la actividad productiva y se abastecían con medios propios de la mayoría de los bienes y servicios necesarios para llevar a cabo el proceso de fabricación. Todo lo que allí se generaba era imputable, en lógica contable, al sector industrial.



Hace ya un cuarto de siglo, cuando realizaba, para la entonces Fundación FIES (hoy Funcas), un trabajo sobre el papel de los servicios públicos en la economía, me llamó la atención que, al margen de la creciente relevancia de las actividades de los servicios y de la transformación de la estructura productiva a raíz de la crisis de los años setenta, algunos estudios apuntaban que una parte del mayor peso de los servicios era un tanto artificial. Una serie de servicios para las empresas (limpieza, seguridad, almacenamiento y gestión de datos, asesoramiento, reparaciones…) que anteriormente se prestaban con medios propios se habían externalizado. El hecho de que se contratasen a otras empresas implicaba que lo que antes se computaba dentro del sector industrial pasaba a engrosar las cifras del ya macrosector servicios.







Especialmente a partir de las últimas décadas del pasado siglo, la contratación externa (outsourcing), no solo de servicios, sino también de bienes, ha conocido un crecimiento extraordinario en todo el mundo, favorecida por la extensión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la globalización económica, y las mayores facilidades y los menores costes de los transportes. Hoy día no es extraño ver entidades financieras que tienen contratados sus servicios de informática con proveedores ajenos, empresas de telecomunicaciones que tienen deslocalizados los servicios de atención al cliente, empresas automovilísticas o informáticas que tienen esparcidas sus cadenas de producción en diversos países, ayuntamientos que contratan servicios empresariales de recaudación tributaria, etc.







Como cualquier forma de gestión empresarial, el outsourcing presenta ventajas e inconvenientes. Entre las primeras, posibilita prescindir de una estructura fija de costes, elegir entre oferentes especializados y aprovechar economías de escala con las consiguientes disminuciones de costes unitarios. Entre los segundos, la falta de implicación de los proveedores en la cultura corporativa, el riesgo de incumplimientos, en tiempo y calidad, en el suministro, los costes de las negociaciones y de los posibles litigios por la interpretación de los contratos.

¿Puede el boom del outsourcing continuar de manera indefinida?, planteaba la revista The Economist en un artículo el pasado verano. En él se aportan testimonios de fallos asociados a dicha fórmula e incluso se llega a afirmar que «algunos de los peores desastres empresariales de los últimos años han sido causados o agravados por el outsourcing». A este respecto, se destaca el clamoroso fallo de Boeing al decidir subcontratar por partes el grueso de la fabricación de su nuevo 787 Dreamliner, lo que, finalmente, más que en un sueño, se convirtió en una auténtica pesadilla.



El outsourcing no es, en definitiva, la panacea, sino una forma de gestión a disposición de las empresas que, adecuadamente utilizada, puede aportar resultados positivos. Si se lleva a su extremo, el papel del empresario, cuya esencia es organizar medios de producción propios, queda desnaturalizado. Flexibilidad frente a pérdida de control, la cara y la cruz, son los aspectos básicos que hay que colocar adecuadamente en la balanza para que no quede desequilibrada, sobre todo en lo que concierne a las actividades nucleares que justifican la existencia de una empresa.



Por cierto, en épocas de crisis económica y de retraimiento de la demanda, en vez de desprenderse de empleados, por la vía de los despidos o de las prejubilaciones, algunas empresas se plantean, aunque sea transitoriamente, recurrir a la alternativa del (re)insourcing de algunas funciones, aprovechando de manera productiva sus propios recursos humanos.



[José M. Domínguez Martínez es Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga]



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