¿Qué tipo de liderazgo estamos encarnando? Más aún ¿somos líderes o simplemente ‘jefes’?

 

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Publicado por FAMASE el 13/01/2012 (ESP)




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FM&S






Articulo de Toni Muñoz _13.01.2012_Life Coach



Mas info:Toni Muñoz - Life Coach



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¿Qué tipo de liderazgo estamos encarnando? Más aún ¿somos líderes o simplemente ‘jefes’?



John F. Kennedy, en su discurso inaugural como presidente de los Estados Unidos, dijo: ‘No os preguntéis lo que vuestro país puede hacer por vosotros, preguntaos qué podéis hacer vosotros por vuestro país.’ De eso hace ya más de 50 años. En tiempos de incertidumbre, la idea toma más fuerza que nunca. Substituyamos ‘país’ por ‘pareja’, ‘familia’, ‘equipo’ u ‘organización’ y el sentido se hace aún mayor.



Directivos y empresarios toman conciencia de que la crisis también puede manifestarse como una extraordinaria oportunidad de mejora. El viejo dicho de ‘renovarse o morir’ guarda una verdad que hay que llevar a la práctica si se desea sobrevivir a unos mercados cambiantes que plantean retos nuevos que ni sospechábamos hace apenas unos años. Es tiempo de preguntarnos qué es lo que podemos hacer nosotros por nuestro equipo, para llevarlo a cotas de rendimiento superiores y aprovechar todo su potencial, en lugar de responsabilizarlos de la situación actual y lamentarnos por los resultados obtenidos.



Pero ¿por dónde empezamos? Antes de analizar a nuestro equipo, conviene que repasemos nuestras propias actitudes. ¿Qué tipo de liderazgo estamos encarnando? Más aún ¿somos líderes o simplemente ‘jefes’? Porque líder es aquél que es capaz de ilusionar a su equipo, el que les ofrece un sueño que compartir, el que proporciona visión de futuro. Practica así mismo la escucha activa, la consideración individual y ayuda a que sus seguidores alcancen cotas de rendimiento superiores a las habituales. ¿Es esto lo que hacemos o somos meros gestores de personal? ¿Consideramos a nuestro equipo como un motor de cambio o son simples ejecutores de nuestras órdenes? Si algo de esto nos resuena, el trabajo empieza por nosotros mismos.



El primer paso, y puede que el más importante, es marcar y transmitir un objetivo claro, dónde queremos que la organización vaya y qué queremos conseguir. Definiciones ambiguas carecen de impacto. El fin último de cualquier empresa es ganar dinero, pero aunque ese sea el factor común, lo que genera el valor añadido e inspira y da sentido a la labor del equipo es la manera de conseguirlo. Un líder tiene que utilizar la razón para explicar sus objetivos, pero su mensaje no calará si carece de un sustrato emocional. Para estimular la innovación, hay que mostrar el sentido de cada una de las acciones. La visión de globalidad, la comprensión de que el trabajo de todos y cada uno de los colaboradores repercute en el resto y en el resultado final, no sólo eleva las cotas de responsabilidad, sino que estimula el trabajo en equipo y el orgullo de pertenencia a la organización.



En segundo lugar, debemos conocer muy bien las capacidades de cada una de las personas con las que trabajamos. Esto no es tan sencillo como parece, pues puede que llevemos años limitándolas con nuestras creencias. Comuniquémonos con todas ellas e identifiquemos lo que las hace especiales, esa fortaleza que las hace valiosas para el equipo. El líder hará una buena inversión si estimula esa faceta que aportará buenos resultados e ideas extraordinarias.



Ahora que hemos definido el objetivo y nuestro equipo está motivado, tenemos que proporcionarle las herramientas necesarias para que lleve a cabo su misión, estableciendo reuniones periódicas de seguimiento, donde se valoren los resultados obtenidos y se establezcan nuevos objetivos que corrijan las eventuales desviaciones. Desde la proactividad, animaremos a nuestros colaboradores a mejorar los canales de comunicación, para que así sepan que son escuchados y que sus ideas son importantes para la organización, así como sus necesidades.



Nuestra organización debe considerar que el objetivo es tan importante como las personas, pues si anteponemos los resultados a quién nos ayuda a conseguirlo, estaremos perforando la línea de flotación, lo que nos llevará, sin duda, a hundirnos.



Considerar al individuo como tal y capacitarlo, no es ninguna pérdida de tiempo, pues el retorno son creatividad, ilusión y sentimiento de pertenencia, el caldo de cultivo donde prosperan las ideas y las soluciones extraordinarias para a estos tiempos tan inciertos.



Toni Muñoz.


 

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